LAS
MUTACIONES EN EL CARDENALITO DE VENEZUELA
(Carduelis cucullata)
(pinchar en las imágenes para verlas a mayor tamaño)
La mayoría de las mutaciones existentes
en el cardenalito, provienen del cruce con el lugano mutado europeo
(carduelis spinus), o por la cría de cardenalitos varios
años en consanguinidad.
La mutación más extendida
y más fácil es la diluida, no confundir con el pastel
del canario, pues aunque ambas mutaciones se parecen externamente,
no lo son genéticamente.
Dilución: esta
mutación que afecta a los pigmentos oscuros, (melaninas),
es de carácter dominante, se parece al pastel del canario
porque diluye la melanina, reduciendo su intensidad de negro, pero
uniformemente, y no ataca o altera el lipocromo, apareciendo éste
más brillante por la menor oxidación melánica
de fondo.
Igual que el pastel del canario, es la
base para los “alas grises”, de la dilución de
los silvestres sale la doble dilución. Pero ésta se
diferencia de los “alas grises”, en que no arrastra
la carga eumelánica al extremo de las plumas, como los “alas
grises”, sino que la doble dilución, da otra barrida
a la melanina del cardenalito, reduciéndola aun más
que la primera dilución de una manera uniforme; a decir verdad
con igual intensidad desde la máxima oxidación que
tienen los silvestres en la cabeza, hasta la cola pasando por la
espalda. Una doble dilución se consigue apareando una pareja
de dilución simple, es decir: por acumulación. Sin
embargo no se puede llegar a la triple dilución, aunque se
crucen dos cardenalitos de doble dilución entre si, o uno
de una dilución con otra doble dilución: ignoro el
porqué y sería un buen trabajo para los genetistas.
La dilución es la única
mutación que se conoce en el cardenalito, que es de carácter
dominante, y no ligada al sexo como las demás mutaciones
que pasamos a enumerar, pudiéndose sumar la dilución
al resto de las mutaciones, dando lugar a cardenalitos con doble
mutación, como el Bruno diluido, el Ágata diluido
e Isabela diluido.
Bruno: esta mutación
se transmite en un cromosoma sexual, igual que en el canario. Se
caracteriza por la mutación de la eumelanina negra ancestral
en eumelanina bruna. Es más visible e n el macho, por la
mayor concentración de oxidación negra (sobre todo
en la cabeza), no alterándose el lipocromo rojo. Esta mutación
es la menos vista, sobre todo en las hembras, pues la eumelanina
bruna pierde el brillo de la negra y es la más parecida al
Negro-Bruno ancestral.
La cardenalita bruna presenta el manto
de la espalda marrón claro, y lo tiene menos oxidado que
la espalda de una cardenalita Negro-Bruna diluida. A la mutación
bruna se le puede sumar la diluida.
Ágata: es un
factor ligado al sexo. La mutación ágata reduce la
oxidación de la eumelanina negra del cardenalito, dándole
un tono gris oscuro en las partes donde antes eran negro azabache.
El cardenalito macho ágata presenta
una reducción de la oxidación negra en todas las partes
de elección eumelánica, no afectándole al lipocromo
rojo, que gana brillo e intensidad.
Se puede confundir un macho defectuoso
ágata con un macho de una dilución, quizá porque
el ágata este influido en el fenotipo por ser portador de
bruno, o por la cercanía del cruce con un lugano, que le
esta oxidación sobre todo en la cabeza.
Un buen macho ágata no presenta
estrías melánicas en su espalda ni tampoco cejas en
la cabeza, como puede presentar la hembra ágata. A la cardenalita
ágata se le puede apreciar más la expresión
de la mutación, por tener menos lipocromo rojo, y más
partes del cuerpo influidas por la tonalidad gris oscuro del ágata,
sobre todo en la espalda. En la cabeza se le aprecia un esclarecimiento
en las cejas, donde tiene menos oxidación, dando contraste
con el resto de la cabeza que si es más oscura, sin llegar
a la oxidación que tienen los machos.
Los cardenalitos ágatas pueden ser también ágatas
diluidos.
Isabela: es la última
mutación aparecida y la más difícil de conseguir,
también está ligada al sexo como en el canario. Proviene
del lugano isabela, o de cruzar un cardenalito ágata con
otro bruno, sacando hijos Negro-Bruno machos, portadores de todo,
incluso de isabela.
La mutación isabela reduce al
máximo las melaninas, dejando libre el lipocromo que aflora
por todo el cuerpo, sobre todo en el isabelito cardenalito macho
que debe conservar la mascara de la cabeza marcada y que contraste
con el manto isabela y rojo de la espalda. No debe presentar estriaduras
melánicas en la espalda, que debe estar inundada de lipocromo
rojo intenso. Si es cercano al lugano presentara poca oxidación
en la mascara de la cabeza y lipocromo estará anaranjado.
La hembra isabela debe tener también la máscara marcada,
recortando la cabeza por la nuca del resto de la espalda, que por
tener menos lipocromo, aparecerán unas estrías en
la espalda, ocasionadas más por el dibujo lipocrómico,
que por la oxidación del isabela. Las remeras acabaran en
un tono marrón claro más visible que en el macho,
pues a este le tapa más el lipocromo rojo.
Una cardenalita isabela se puede confundir
fácilmente, con una hembra doble dilución, aunque
la isabela presenta más brillo lipocrómico rojo en
la espalda, mientras la doble dilución empastela o ensucia
la espalda, sin hacer corte de contraste en el cuello, como la isabela.
Por el contrario la doble dilución mantiene el mismo tono
continuo diluido de la cabeza a la espalda.
Si a la mutación isabela se le
suma la diluida, tendremos cardenalitos que darán la apariencia
visual de lipocromos, pues pierden la poca oxidación melánica
que le quedaba en la cabeza y alas, dando lugar al cardenalito más
esclarecido que existe.
El cardenalito isabela diluido macho,
presenta la máscara de la cabeza blanca, pues desaparece
totalmente la poca oxidación isabela, por la dilución,
y al no existir lipocromo en su lugar no queda nada, contrastando
con el resto de la espalda que si está inundada por el lipocromo
rojo característico de lo machos.
La hembra isabela diluida, además
de la cabeza blanca, se le une el manto de la espalda sin corte
en la nuca, conservando el lìpocromo rojo solamente en las
partes del cuerpo de categoría mosaico.
José Antonio Abellán
Baños, 2001
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